La investigación comenzó con el estudio del hueco que dejan los aviones al pasar por nubes en seis aeropuertos (Londres, Paris, Frankfurt, Seattle, Chicago, Yellowknife y la Antártida) y demostraron que el viento que generan los aviones al pasar por nubes frías acelera la condensación y provoca lluvia o nieve (dependiendo de la estación). Este fenómeno ocurría en una radio de 100 kilómetros y en un 5% de las ocasiones (10-15% en invierno).
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